El nuevo arco de bienvenida de Estancia de Guadalupe, Zacatecas, es mucho más que una obra de cantera: representa el esfuerzo colectivo, la dedicación de sus artesanos y el apoyo de los paisanos que hicieron posible este proyecto. Después de aproximadamente tres meses de intenso trabajo, la estructura quedó prácticamente terminada, convirtiéndose en un símbolo de identidad y orgullo para la comunidad.
La construcción estuvo a cargo de cuatro canteros originarios de la comunidad de La Lagunita: Tomás Herrera, José Eduardo, Enedelio Domínguez Escalante y Edgar Herrera Domínguez. Aunque el proyecto representó un gran reto para ellos por sus dimensiones y complejidad, lograron concluirlo gracias al trabajo en equipo, la experiencia adquirida durante años y, sobre todo, a la paciencia que exige el oficio.
Los artesanos explican que nunca antes habían participado en una construcción de esta magnitud. Acostumbrados a realizar trabajos más pequeños, enfrentarse a un arco monumental implicó aprender sobre refuerzos estructurales, cimentación y distribución de cargas, siempre guiándose por la idea general del proyecto y tomando decisiones en conjunto. Cada detalle fue analizado entre los cuatro para garantizar una obra sólida y estéticamente atractiva.
La construcción comenzó con la excavación de las zapatas mediante maquinaria pesada para alcanzar terreno firme. Posteriormente se colocó una estructura reforzada con varilla de acero que sirve como soporte principal del arco. Sobre esta base inició el trabajo artesanal de colocar cada piedra de cantera, cuidando que todas quedaran perfectamente niveladas, escuadradas y entrelazadas para brindar mayor resistencia.
Uno de los aspectos más interesantes del proceso fue el tallado manual de cada piedra. Utilizando únicamente herramientas tradicionales como cincel, martillo y picadera, los artesanos dan forma a cada bloque antes de colocarlo. Las piedras de las esquinas requieren un trabajo aún más preciso, ya que deben presentar dos caras perfectamente alineadas y mantener el patrón que fortalece toda la estructura.

Cada piedra demanda alrededor de diez minutos de preparación, aunque las piezas especiales requieren mucho más tiempo. La colocación también exige revisar constantemente el nivel, la plomada y las uniones para que toda la construcción conserve su estabilidad y armonía visual.
Los propios artesanos destacan que la paciencia es la principal herramienta de su trabajo. Aseguran que una obra de esta naturaleza no puede realizarse con prisas, pues cada etapa depende de la precisión de la anterior. Aunque el trabajo físico resulta agotador y requiere largas jornadas bajo el sol, consideran que la satisfacción de ver terminada la obra compensa todo el esfuerzo invertido.
Además del talento de los constructores, el proyecto fue impulsado por el Grupo Sembradores de Guadalupe, encabezado por integrantes de la comunidad y respaldado por numerosos paisanos que viven en Estados Unidos, quienes realizaron aportaciones económicas para hacer realidad esta obra. También participaron músicos y habitantes de la localidad que colaboraron en distintas actividades para reunir recursos.

El arco aún recibirá algunos detalles finales, como el nombre de la comunidad y una imagen religiosa que complementará su diseño. Se espera que su inauguración coincida con la temporada en que muchos migrantes regresan a visitar su tierra.
Más allá de su función como acceso principal, este arco representa la unión de una comunidad que conserva vivas sus tradiciones y reconoce el valor del trabajo artesanal. Es también un homenaje a los canteros que, con herramientas sencillas, paciencia y conocimiento heredado de generaciones anteriores, continúan preservando uno de los oficios más representativos de la región zacatecana.
Información de contacto
Tomás Herrera Artesano de Piedra de Cantera
Lugar: La Lagunita, Pinos, Zacatecas.
Teléfono / WhatsApp: 433 109 851.
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