En una apartada zona conocida como El Agostadero, dentro del municipio de Jiménez del Teul, Zacatecas, vive doña Marcelina, una mujer que ha pasado gran parte de su vida entre el campo, los animales y la tranquilidad de la sierra. Alejada de los centros de población y sin vecinos cercanos, ha aprendido a enfrentar sola los desafíos que implica vivir en uno de los lugares más aislados de la región.

Su hogar, construido con esfuerzo a lo largo de los años, se encuentra rodeado de nopaleras, cerros y caminos de difícil acceso. A pesar de las dificultades, doña Marcelina asegura que nunca le ha tenido miedo a la soledad y que ha encontrado en la tranquilidad del monte una forma de vida que pocas personas podrían comprender.

Durante la visita fue evidente que las condiciones no son sencillas. La distancia que la separa de otras viviendas hace que cualquier emergencia represente una preocupación constante. Ella misma reconoce que, cuando necesita ayuda o algún medicamento, debe trasladarse hasta comunidades cercanas para pedir apoyo. Sin embargo, enfrenta cada día con una actitud serena y una profunda confianza en Dios.

Uno de los problemas que más le afectaban era la falta de iluminación adecuada dentro de su vivienda. Con el paso de los años, subir a cambiar focos o realizar reparaciones se volvió una tarea complicada. Gracias a la solidaridad de personas que conocieron su historia, recibió lámparas solares modernas que ahora le permiten iluminar tanto su habitación como su cocina sin necesidad de realizar esfuerzos que puedan ponerla en riesgo.

Además de la instalación de las lámparas, también se realizaron algunas reparaciones en la puerta principal de su casa, la cual ya presentaba desgaste por el paso del tiempo. Para doña Marcelina, estos apoyos representan una gran ayuda, especialmente porque vive sola y muchas veces no tiene quién pueda auxiliarla con este tipo de trabajos.

Mientras recorría los alrededores de su vivienda, compartió algunas de las experiencias que ha vivido en la sierra. Recordó encuentros con víboras, las dificultades de cuidar a su madre durante sus últimos años y las largas jornadas que ha pasado trabajando en el campo. También mostró con orgullo los nopales y tunas que crecen cerca de su casa, frutos que forman parte de su alimentación cotidiana.

Entre las conversaciones surgieron recuerdos de tiempos pasados, cuando la región tenía más habitantes y era común convivir con vecinos cercanos. Hoy, la realidad es distinta. Muchas familias emigraron y las viviendas quedaron vacías, dejando a personas mayores como ella enfrentando solas el paso de los años.

A pesar de ello, doña Marcelina conserva un espíritu fuerte y agradecido. Incluso elaboró pequeños recuerdos tejidos con sus propias manos para agradecer la visita de quienes llegaron hasta su hogar. Gestos sencillos que reflejan la nobleza y generosidad que aún permanece en muchas comunidades rurales de Zacatecas.

Su historia es un recordatorio de la realidad que enfrentan numerosos adultos mayores que viven en zonas apartadas del estado. Personas que han dedicado toda una vida al trabajo y que, aun en condiciones difíciles, continúan adelante con dignidad, fe y esperanza.

Información de contacto
Doña Marcelina
Lugar: El Agostadero, municipio de Jiménez del Teul, Zacatecas.

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