En la comunidad de San Juan Capistrano, perteneciente al municipio de Valparaíso, Zacatecas, vive Alejandro Flores Nara, un hombre orgulloso de sus raíces y de la historia de su pueblo. Con la memoria heredada de sus abuelos y los recuerdos de su infancia recorriendo los pasillos de la antigua hacienda, se ha convertido en uno de los principales narradores de las leyendas, tradiciones y acontecimientos que dieron forma a esta histórica comunidad.

Durante un recorrido por la antigua Hacienda de San Juan Capistrano, Alejandro compartió relatos transmitidos por generaciones. Su abuelo, don Pancho Flores, trabajó en la hacienda desde muy pequeño, desempeñando labores tan curiosas como combatir los hormigueros que abundaban en la zona, una tarea importante en aquellos tiempos debido a los riesgos que representaban para las familias y trabajadores.
La imponente hacienda, construida a finales del siglo XIX, aún conserva parte de su grandeza. Sus muros de cantera, arcos, bóvedas, canales de agua y antiguas estructuras muestran el nivel de desarrollo que alcanzó la región durante la época de los hacendados. Alejandro explica que primero se construyó una pequeña capilla y posteriormente la iglesia principal, la cual fue terminada en 1891 y continúa siendo uno de los principales orgullos de la comunidad.
Entre los vestigios más llamativos se encuentran los antiguos molinos donde se procesaba la caña de azúcar para elaborar piloncillo. El sistema funcionaba gracias a canales que llevaban agua desde las presas cercanas, aprovechando la fuerza hidráulica para mover enormes ruedas que accionaban la maquinaria. A pesar del paso de los años, todavía pueden observarse algunas de estas estructuras que hablan de la importancia económica que tuvo la hacienda.
Pero más allá de la historia documentada, San Juan Capistrano también está rodeado de leyendas. Alejandro relata que existe la creencia de que los antiguos hacendados ocultaron grandes tesoros antes de abandonar la región durante los conflictos revolucionarios. Según cuentan los habitantes más antiguos, parte de la riqueza nunca fue recuperada y permanecería escondida en algún lugar de la hacienda.
Alejandro también recuerda con nostalgia los años en que San Juan Capistrano estaba lleno de vida. En la plaza, junto a la antigua pila, los niños jugaban a los mosaicos y a los trompos, mientras las familias se reunían durante las fiestas patronales. Con el paso del tiempo muchas personas emigraron a Estados Unidos en busca de mejores oportunidades, dejando numerosas viviendas vacías y reduciendo considerablemente la población.
A pesar de ello, la comunidad conserva una enorme riqueza natural. En los alrededores abundan productos silvestres como pitayas, nopalitos, guamúchiles, tamachaca y otras plantas tradicionales que durante generaciones han formado parte de la alimentación local. Alejandro asegura que en San Juan Capistrano difícilmente alguien pasa hambre, pues la naturaleza sigue ofreciendo alimento a quienes conocen sus recursos.
Para Alejandro, conservar la historia de San Juan Capistrano es una responsabilidad que permite a las nuevas generaciones conocer el esfuerzo de quienes construyeron la comunidad. A través de sus relatos, busca que las personas valoren el patrimonio histórico, cultural y natural que aún permanece entre las antiguas paredes de la hacienda.
Historias como la de Alejandro Flores nos recuerdan la importancia de preservar la memoria de nuestros pueblos, rescatar las tradiciones que les dieron identidad y reconocer a quienes mantienen vivos los relatos que forman parte del patrimonio de Zacatecas.
Información de contacto
Alejandro Flores Nara
Lugar: Comunidad de San Juan Capistrano, Valparaíso, Zacatecas
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